Monday, March 23, 2009

Fábula

Desde la rama del árbol el mundo no es tan feo. Uno asciende, se estira para llegar más alto y no piensa en cómo carajo va a bajar, eso viene después. La cuestión es subir, es pisar firme donde no debería y quedarse ahí hasta que la rama se ponga demasiado segura. Entonces, uno cuelga el pie en el aire, o se hace un poco el loco, o se manda un saltito a la siguiente rama, para sentir un poco el cosquilleo en el estómago, o el olorcito a huesos rotos, que te mantiene un poco vivo.
Yo estaba en una de las ramas intermedias, saboreando mi aislamiento. Atenazado a la rama con los pies, como un émulo de gorila, me armé el último cigarrillo del paquete. Abajo apareció una cara, una musculosa, algunos pelos: una persona. Me pidió tabaco, era Dani, yo dije que no tenía, que lo podíamos compartir. Lo hicimos, le pasé el cigarro por entre mis piernas cruzadas, fue y vino varias veces.
Las siluetas bailaron, celestes y naranjas, contra la arboleda.
Luego vinieron y me rindieron pleitesía y yo les dije que se las tomaran, que no adoraran a dioses paganos ni a gigantes de pies de barro. No escucharon, como nunca escuchan, hicieron lo que quisieron, creo que hasta prendieron fuego a una aldea. Decidí quedarme para siempre en mi árbol (para no ver a todos mis amores muertos, eternizados como arrugas en las caras de ancianas de barrio), después me arrepentí y me hice varios raspones en brazos y torso, para no olvidar de cómo se sentía estar allá arriba. Dani ya no estaba, menos aún los fieles.
En la cocina había una cara nueva. Curioso, pensé, yo ya las tenía contadas. Como era una mujer, a los treinta segundos tenía ya un séquito de moscas viriles. Le olían el culo, como a los perros, le buscaban la sangre del celo y ella se reía, se ponía los anteojos negros y buscaba algo que tomar. Dijo que un patovica la había hecho echar de un cumpleaños en el que estaba porque ella lo había rechazado. Aparentemente, y todo en ella era "aparentemente", él le había preguntado a ella qué pretendía de él - como la Coca con músculos, asumo - y ella lo había llamado paranoico. Claro, a un tipo que tomo esteroides no lo llamás paranoico.
Mis rituales con el árbol se repitieron intercaladamente. A veces me iba al fondo, donde el pasto estaba húmedo y las palmeras oscilaban contra un cielo de ocre. Me suspendí del arco oxidado de fútbol, colgué las patas como un mico, improvisé unos movimientos de taikuondo y hasta pegué unos gritos. Entre el terruño la ví venir a la mujer-séquito. Acababa de descubrir que el jardín era ilimitado. Me avergonzó que mi ritual de sangre no fuera privado. Le pregunté qué quería. Su respuesta fue difusa. Le expliqué por qué era necesario un sector posterior de vegetación salvaje, pero jamás perdí el tono marcial. Yo venía de los árboles, into the wild, como decía Pablo, into the wild. Raspones y magulladuras, sangre y tierra, pelos en pecho y gritos tribales.
Una puta barata me preguntó por qué no me rasuraba el pecho con cinta aislante. A vos te voy a aislar pero del mundo, de tus cosas más queridas, de tu careta de nena bien. Si te calienta mi pelo en pecho hacéte cargo, no te hagas las asquerosita, la té-de-la-tarde, la Highlands o Northlands o la No-man´s-land.
La mujer séquito, desprendida de las moscas, hacía preguntas que no entendí. Le dije que me iba a buscar Fernet y, en cuanto salimos al claro, una mosca le preguntó adónde había ido. Luego otro abejorro se la llevó del brazo y un tercero le preguntó si no era una noche maravillosa para tirarse en el pasto.
Robé una copa, canté un villancico y bailé una conga al ritmo de los parlantes.
Después vi fotos, alegres y sabios encuentros, atroces desencuentros y escenas de cabaret sazonadas con licores. Vi sonámbulos, peces de arbusto, reuniones de áreas maderosas y tugurios, cuarteles, encrucijadas y luciérnagas apagadas.
La mujer-séquito había tejido su telaraña. Todas las moscas estaban pegadas y desamparadas, diciendo incoherencias, gritando que la habían conquistado mientras ella se los comía. Mientras arrastraba botellas de plático hacia mi árbol para completar mi nido, mi guarida hasta el fin de los tiempos, la ví dormida, en soledad contra un almohadón almidonado. Tenía las piernas recogidas sobre sí misma y un gesto tenue, de pájaro herido. Me escondí en el dintel de la puerta, y esperé. Saborée el momento, esperando a ver cómo sacaba las pinzas de la tráquea para comerse a la próxima víctima. Yo, el de los bosques, el mono de la oscuridad, estaba del lado de ella: cómelos, cómelos, no dejes ni una tripa...
Al tipo tampoco lo había visto antes. Era alto, elegante, una sombra aún con las luces del alba. Iba suelto de cuerpo, era difícil distinguir donde empezaba una extremidad y dónde la otra, todo era una sola cosa, un movimiento encarnado. Me impresionó como impresionan las pesadillas o los dioses egipcios. La araña no se movió, ni siquiera lo oyó venir. El viento hacía más ruido que él al moverse. La miró, espió a su alrededor - no me vio, gracias a Alá no me vio - y se arrodilló frente a ella. Suavemente, mientras ella dormia, le dio un beso en la comusira del labio. Los ojos de ella se abrieron súbitamente, pero sin temor, apenas con desconcierto. Luego empezó a reir.
- Por un momento no supe donde estaba...
- Qué cara, dijo el tipo sin rostro.
Después la besó de nuevo y ella se lo comió, pero dejándolo entero. Duró apenas unos segundos, luego él se levantó, la besó de nuevo, y la miró por última vez.
- Hay mucho por hacer todavía.
Ella lo vio salir y, en ese instante, me vio a mí. Huí, como una presa fácil huí, salté entre los rosales, me escondí entre los jazmines y luego me elevé, hasta alcanzar la rama superior de mi árbol. Mientras los fieles abandonaban el predio, lo vi salir, primero al hombre-sombra, luego a la mujer-araña, finalmente a los carruajes. Uno a uno fueron abandonando el campo hasta dejarme solo, solo con el musgo, con las chicharras y con las moscas, pegadas muertas contra la tela avejentada.
Después me hice savia y me quedé, adentro y latente.

1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Hermoso como vos. Me hace acordar a la Hoja de Nigel, De Tolkien.

9:37 AM  

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